dijous, 18 de març de 2021

La buena muerte. (En el dia que se reconoce el derecho a la muerte digna)

Si la memoria no me falla, conocí a María hace unos diez años. Todo ese tiempo la visité en la Unidad de Insuficiencia Cardiaca del hospital. 

Sus problemas de corazón empezaron tras una intervención quirúrgica. Mientras estaba en Reanimación sufrió una parada cardiaca debido a una arritmia ventricular. Se consiguió reanimarla y sobrevivió.

En estos casos, que pueden repetirse, normalmente se coloca un DAI. No es más que un pequeño desfibrilador (las “palas” que vemos en las películas) que se coloca bajo la piel y va conectado al corazón mediante un electrodo. Si hay una arritmia grave, el DAI manda una corriente eléctrica para intentar restablecer el ritmo cardiaco normal.

María llevaba diez años con su DAI y hasta hace una semana nunca se había “disparado”. El paciente lo nota dado que es como un golpe fuerte en el pecho.

Pero desde hace siete días, ha sufrido cuatro descargas.

El miércoles ingresó en el hospital. Le hicieron muchas pruebas: Su corazón ha llegado al límite. El tratamiento médico ya no puede controlarlo. Y no es candidata para un trasplante. María tiene 89 años y otras enfermedades.

Esta mañana, cuando su médico la visitó, María le dijo que quería que le desconectaran el DAI. Que tal vez había llegado la hora de morir.


Por la tarde he subido a verla. Con su media sonrisa de siempre me ha dicho que se encontraba bien. Que ya había hecho todo lo que tenía que hacer. Había tenido una buena vida y ahora quería irse en paz. Su familia estaba con ella.

Me pidió que les diera recuerdos a sus amigos en el centro de día, al que acudía desde hace dos años. Especialmente a Joaquin, Claudia y Elena.

Nos hemos dado, posiblemente por última vez, la mano.

Su hija me ha acompañado al pasillo.

- Tu madre es grande.

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