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Black Country, New Road. Live at Bush Hall. (2023).

  Cuando Isaac Wood dejó la banda, tras dos discos extraordinarios, muchos pensamos que eso era el fin. No solo era el cantante, también el frontman de un grupo amplio en número y con músicos muy bien formados. Pero para silenciar nuestros temores lanzaron una actuación en vivo que sugería, no del todo, hacia dónde podían ir  los tiros. Salvando las distancias, me recordó el Ummagumma de Pink Floyd, punto final para dejar de añorar a Syd Barret. Igual que aquellos,  Black Country, New Road, no enseñaron sus cartas de futuro.Deberían hacer ese álbum, sacarse sus egos personales de encima y sobrevivir como banda. Algo que han demostrado, con creces, en su último trabajo de estudio. Este Live (sin título) es una obra maestra. De los mejores discos del último lustro. Un disfrute para los sentidos y una meta para los que quieran ser virtuosos en la música popular. No se lo pierdan. S. Altimir https://youtu.be/9rHjkRgJlEs?si=reMhqPSc8zJATsbk

Ibeyi. Offering. (2026)

Que la música urbana ha alcanzado, en términos de calidad, la mayoría de edad. Aquellos ritmos destinados al baile y al goce, ocupan el panorama de la música popular, ya sea como protagonistas o actores secundarios para partituras mestizas. Es el caso de las hermanas gemelas francocubanas agrupadas desde hace tres lustros en el proyecto Ibeyi. Su último disco es una maravilla. Podría terminar aquí y dejar la libre escucha; esa sería la mejor opción. Porque, posiblemente, pocas palabras tengo para describir la experiencia de dejarse envolver, durante escasos treinta minutos, por una fusión de folclore caribeño, canción francesa y una electrónica urbana zarandeada por instrumentos clásicos. S. Altimir https://youtu.be/-EHlRLTCSIs?is=MoH1f7MwP_ewHxeh

Asher White. Love Agregates. (2026)

  Asher White. Love Agregates. (2026) A estas alturas de la temporada, anunciar el mejor álbum del año es una osadía. Desconozco lo que nos depara el futuro y tengo pereza en echar el oído hacia atrás. Pero es que este disco de una veintiañera que se ha movido entre Bandcamp y los sellos discográficos más alternativos me ha maravillado y no puedo dejar de escucharlo y poner estrellas a casi todos sus temas. Asher es polifacética: multiinstrumentista, productora, artista visual y escritora. Es una persona transgénero y eso es importante para comprender su lírica, metáforas sobre su cuerpo, su metamorfosis y los recuerdos del pasado. No es un disco fácil de clasificar. Navega entre el pop de cámara, el indie roquero y el folk. Pero siempre con estructuras melódicas impredecibles. Canciones que dan meandros y se ramifican. Músicas que pasan sin transición de la complejidad a la simpleza más acústica. Llenas de contrastes y diversidad de géneros, unidas, eso sí, por su voz, pobre en...

Phoebe Bridgers. Lost Weekend. (2026)

Confieso que voy tarde con la reseña del tercer álbum de la californiana. Posiblemente porque no esperaba un álbum así. Tras sus dos primeros discos y el trabajo con boygenius, imaginaba algo más folkie y de songwriter. Más americano, vaya.  Pero los buenos artistas son camaleónicos y eso demuestra ella en «el fin de semana perdido». Se trata de un trabajo de una artista con fama consolidada, enriquecida, aclamada. Que se puede permitir las horas de estudio que quiera y los mejores productores. Está en el mainstream. Pero a partir de esta realidad brinda sinceridad, ganas de ir unos pasos más allá, incluso experimentar tímidamente. Cargada de material vital: el fallecimiento de su padre, su relación amorosa madura, el acoso mediático… nos entrega su mejor disco y, sin duda, uno de los mejores del año. S. Altimir https://youtu.be/hU-gnl8WLP0?si=HxqILOLYfYnUPKh-

Dexys Midnight Runners. Love. (2026)

Ponerse a estas alturas a escuchar un disco de la banda que tal vez escribió la canción bailable que mejor define la parte cursi de los ochenta es una temeridad. Porque aunque aquel tema sea mejor lo que una escucha pasada de cervezas pueda hacer pensar, no deja de ser una cancioncilla llena de trampas de producción para complacer a aquellos que, en este país, intentaron averiguar si había algo más que Mecano. El disquito que nos ocupa hoy se deja oir, siempre en un respetuoso segundo plano, a la hora del coctel. Incluso con el segundo Negroni podríamos mirar quien está en los créditos: de la banda original reconozco a Kewin Rowland que, a sus 73, ya suena más a crooner que a aspirante blanco a interpretar soul y compositores musicales apocrifos probablemente contratados ad-hoc. Pero no, no piense el lector que el disco no me gusta. ES la mar de entretenido. Y como soy de muy buena fe, casi lo recomendaría… a los que ya tienen una cierta edad y sienten nostalgias por la belleza que un ...

Man/Woman/Chainsaw. Cannonball. (2026)

Con un nombre que hace referencia a las películas de terror de bajo presupuesto del último tercio del siglo XX, aparece el LP de presentación de la banda que puede inscribirse dentro de la corriente inglesa que arranca en el postpunk para orillear en el art-rock.  Suficientemente heterogenea para incluir desde unos New Country Black Men a My New Band Believe o de Squid a The Last Dinner Party, solo «obliga» a unas normas básicas: libertad creativa, desconcierto en el oyente, mezcla de instrumentos clásicos con eléctricos, composición pop, guiños a la escena del teatro musical y al clasicismo europeo e interpretaciones virtuosas. Sea como sea, en lo que llevamos de siglo, estamos ante el género más interesante; siempre bajo mi opinión, no especialmente sesuda, pero si apasionada. El disco ofrece el coctel esperado. Alternan y se mezclan voces femeninas y masculinas, ambas muy cuidadas. Momentos de caos sonoro se abren a baladas bellísimas, himnos de estadio e incluso a, casi, incurs...

Trashcan Sinatras. Ever the Optimist. (2026)

Ya con suficiente historia para echar la vista atrás y consolidar tendencias, creo que estoy muy britanizado. Desde un punto de vista musical y, posiblemente, también del otro. Siempre en terrenos de la antropología, claro. Poca cultura nos ofreció el franquismo a los adolescentes de los primeros setenta y tuvimos que ir a buscarla al otro lado de los Pirineos. Como tantas otras cosas. Y, centrándonos en la música popular, casi me quedo en Londres, alrededores y ¡Escocia! Cuanto bueno vino y viene de ese norte frio y árido. Un buen ejemplo son Los Trashcan Sinatras. Nacidos en la ola de los ochenta han mantenido un listón alto entregando trabajos siempre elegantes y personales. Es posible que su pop limpio y analógico no esté en la primera linea de la innovación, pero dudo que nunca lo hayan pretendido. Lo suyo es hacer canciones que, ahora despacio, ahora deprisa, nos emocionan y animan a repetir una y otra vez hasta gastar los surcos. No se lo pierdan. De lo mejorcito de este, más bi...