Con todo mi respeto para los fotógrafos profesionales a los que admiro y respeto. Seguro que entre todos sabrán darle una buena patada a esa escoba amenazante.
Hace un par de años, en la reseña sobre O Monolit, el anterior trabajo de Squid, escribía: “su música no supone un salto al vació desde el punk, sino una progresión de todo aquello que ha aportado el género” . Como si quisieran confirmar mis impresiones, Cowards supone ir un paso más allá. El punk, aunque pueda formar parte de su huella genética, ya queda bastante lejos. Como otras bandas y músicos (New Country, Black Road, Geordy Grepp y muchísimo antes, Brainiac) , los de Brighton se adentran en el rock de cámara, culto, complejo y que invita a la audición pausada y reflexiva. No abundan los ritmos ni las melodías sencillas en este disco. Eso no significa que no haya contundencia. Las baquetas que maneja el cantante se encargan de ello cuando es necesario. Sigue siendo rock. Una parte importante del sonido característico de la banda se debe al trompeta capaz de recrear una atmósfera inquietante. Y las voces, que a veces asustan. Ajustadas para transmitir la idea que se en...
Quien me iba a decir que este cincuentón y todoterreno (actor, guionista, productor, músico…) iba a sorprenderme con un disco de rock avanzado (que no progresivo) muy virado a la psicodelia. Reviso mi biblioteca y no tengo nada guardado de él. Significa que, o no me enteré, o lo que escuche no me convenció para conservarlo. Y este es su álbum numero 12 desde 1995… Desde esa psicodelia que decía se mueve en diferentes registros del rock más británico. Ahora un poco de jazz, luego algo de space y también guiños al folk. Canta, desde una cierta crisis etaria, sobre la soledad, las incógnitas y los límites; con una voz madura, con presencia. Arropado por coros que contribuyen a que los estribillos ganen en potencia. Un disco que, a pesar de sus 50 minutos, pasa sin fatigas. Se está poniendo interesante el año.
He de reconocer y reconozco que si no llega a ser por las notas del piano con la introducción de la celebérrima “Para Elisa” de Beethoven en el tercer corte de este disco igual no le hubiera prestado mayor atención. Si se trataba de un gancho, en mi caso ha resultado ser eficaz. Veamos, ¿quien son The Moles? Pues una banda australiana (aja) que sacó un primer EP en 1990 (oops), que se mudó a Inglaterra para triunfar (ay) y se disolvieron en 1994 desanimados por el fracaso (bfff). Richard Davies, líder de la banda, decidió seguir con su carrera de abogado, casarse, tener hijos y colaborar tras los bastidores con músicos amigos. Hace unos meses, se reunió con algunos colegas de afición y con un iPad grabaron esta auténtica joya que es Composition Book. Lo suyo es un dulce encuentro entre el pop pegadizo de T Rex y la aspereza de la Velvet Underground. Un disco difícil de repetir. Corran porque se va a agotar.
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