divendres, 14 de febrer de 2014

Isidora y Antonio

Primera parte

Isidora y Antonio viven en una Residencia para ancianos. Isidora sufrió un infarto cerebral. No puede andar y su estado mental fluctúa. Hay días que está y otros en que no. Puede comer sola con dificultad, pero necesita ayuda para todo lo demás.
Antonio estaba bastante bien hasta que le diagnosticaron un cáncer de las células de la sangre. Algo llamado Mieloma.
Desde entonces cada día está peor. Ha ido perdiendo la energía y, poco a poco, se ha ido alejando del mundo. Cada vez más apático.
Ahora ya no están juntos. Antonio falleció. Seguramente ni se dio cuenta. No hay miradas tras la muerte. Es una experiencia que no se puede contar.
Queda la tristeza de pensar que esa persona que eligió para compartir su vida estaba lejos de el. Cuando pasó.
Fue un amor tardío. Pero fue el último. Y ese es el más importante. Amó a Isidora hasta donde su conciencia le permitió. Un amor casi imposible. Con sus hijos en contra. Al principio. Hipócritas. Después abrazaron esa pasión. Incluso con algo de envidia. Por ese padre, ya viejo, que se sentía enamorado.
Isidora está ahora en el piso de arriba. En la residencia. El piso de los que ya están muy mal. Su duelo se convirtió en molesto. Los llantos, la tristeza y la ansiedad interfieren la convivencia. Dicen.
Hoy, esta tarde, Isidora está en cama. El médico preocupado por el Combur positivo. Como si con un antibiótico se resolviera todo.
Morirá pronto. En sus momentos de estar aquí, de lucidez, se siente tan sola y abandonada… Solo desea que esa bacteria mala sea la última.


Segunda parte:

Hoy Isidora estaba especialmente baja. Adormilada. El frio la despertó. Pero ya no se alegra de verme. Parece que me pide que, ya, la deje tranquila. Quiere marcharse. No se si hago bien o no. Pido que la lleven de nuevo al piso de abajo. No veo otra oportunidad. Tampoco se si la quiere.

Tercera parte:

El final ha llegado antes de lo que pensaba. Incapaz de comer se ahogó en su último bocado. Alguien intentó un milagro en el hospital. Pero Isidora ya había tomado su decisión.


¡Me gustaría tanto que dos ángeles estuvieran, ahora, dándose un achuchón en el paraiso!

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