dissabte, 25 de setembre de 2010

El monolito

En la película de Stanley Kubrick, 2001 Una Odisea del Espacio (1968) el monolito le dice a los primates que se levanten y avancen. En diferentes momentos, aparece a modo de eslabón perdido para ayudar en los saltos evolutivos.
Cuando vi este bloque de hormigón en la zona del Forum de Barcelona, pensé en el monolito caido. Tal vez impotente ante estos raros saltos evolutivos que hacemos ultimamente. 


dimecres, 22 de setembre de 2010

Tadeo Gutierrez vive en la 116 E, en un edificio de tres plantas. Abajo está el Deli que heredó de su padre. En el primer piso vive con su esposa, Lupe y el único hijo del matrimonio, Lucas, de 17 años. Arriba, sola, Rosario, su madre, viuda desde hace 7 años. La mayoría de sus clientes, son las gentes de la Marqueta, donde su padre abrió su primer negocio de comestibles al llegar de San Juan.
El 1 de Septiembre era Labour Day y el mercado permanecería cerrado. Hacía tiempo que tenían planeado aprovechar el día para irse a despedir de las atracciones de Coney Island. Todo apuntaba a que esta iba a ser la última semana del lugar. Entre los especuladores inmobiliarios y la Disneylización del ocio de los americanos, habían conseguido acabar con el parque en el que pasó los mejores momentos de su infancia.
No iban a tomar el carro. Cruzarían Brooklyn con la linea F del metro.
La mayor parte del recorrido era al aire libre. Le gustaban esas estaciones siempre desiertas. En Broklyn parece que solo usan el metro para ir o volver de trabajar.
Desde la ventana iban pasando las casitas unifamilires con su patio para la BBQ. En más de una ocasión había comentado a Lupe que, cuando Lucas pudiera hacerse cargo del negocio, ellos podrían irse a vivir a una zona tranquila de Brooklin. Desde que Clinton abrió su oficina en Harlem y Guiliani acabó con las bandas, cada vez había más ricos que querían vivir al norte de Central Park. Seguro que sacaría unos buenos dólares del alquiler de su apartamento.
Al llegar al final del recorrido, pudo ver en lo que se había convertido la playa de Nueva York. Bloques de apartamentos para la clase media que cada tenía más dificultades para pagar los precios de Manhattan.
Al salir de la estación, Nathan’s. Donde hacen los mejores perritos calientes del mundo. De vacuno, como debe ser. Estaba allí desde hace más de 90 años. Quién sabe si también sucumbiría ante el todopoderoso McDonalds. Su ciudad, Nueva York, estaba cambiando. Aquel reino del negocio familiar tambaleaba ante las presiones y el poder de las grandes empresas: primero fueron los taxis, pero luego vino Duane Reade, Starbucks y todos los demás. El cierre de Coney island era la guinda que le faltaba al pastel de los grandes.
Aparentemente, todo segía igual. Los pequeños negocios de comida y bebida, las tiendas de recuerdos, el Shout the Freak…
Y la Noria, la Wonder Wheel. No era la mayor del mundo, pero si la más divertida. Recordó aquella primera vez con Lupe, de novios, el susto que ella pasó cuando empezó a balancearse.
Antes de subir, pasearon un poco por el parque. La entrada siempre había sido gratuita y solo se pagaba por las atracciones que se usaban. Podías llevar tu comida. Cualquiera, por pobre que fuera, podiá pasear por Coney Island. Cuando de niño iba con sus padres, tenía que escoger entre la noria o la montaña rusa. la plata no llegaba para más.
Probó su fuerza con el Forzudo. Todavía se conservaba en plena forma. Rieron recordando el día que se organizó una competición con su cuñado. ¡Tiempos!
No había colas para la Wheel. No había colas para ninguna atracción. En la primera vuelta no pararon de gritar simulando el miedo con los balanceos inesperados de la cesta. Durante la propina permanecieron callados, contemplando la playa.
Es posible que ese fuera su último viaje en la Noria. Corrían rumores que había sido declarada monumento nacional y no la tirarían abajo. Pero ves a saber si quedaría como una estatua de hierro oxidado.
Antes de la comida charlaron con Yu Ly, la chica de Coney Island como ellos la llamaban antes de saber su nombre verdadero. Se encargaba del Carroussel y estaba muy preocupada por su futuro laboral. Hasta ahora, nadie les había dicho que pasaría con ellos tras el cierre.
Siguieron caminando frente a la playa disfrutando de la mañana atlántica. Pero no estaban contentos. La brisa portaba mensajes de añoranza. 
Comieron un par de perritos con las patatas mas grasientas de la ciudad. Bebieron su Diet Coke y cogieron el metro de regreso a casa. Querían llegar a tiempo para ver el capítulo de “Al diablo con los guapos”. 


El reportaje

dimarts, 14 de setembre de 2010

El Lloret guiri

Lloret de Mar es una población situada al sur de la Costa Brava. Documentada como tal desde hace 10 siglos, hay ruinas que confirman que fue un asentamiento de los íberos.
Sus habitantes se dedicaron fundamentalmente a la pesca y agricultura hasta que un gran número de ellos decidieron embarcarse hacia Cuba a finales del siglo XIX. Los indianos que regresaron con fortuna cambiaron la fisonomía de la población construyendo grandes mansiones (muchas destruidas en los años 60) y contribuyeron a la modernización de la villa. Existen diferentes muestras del modernismo, como por ejemplo, el cementerio.
A principios del siglo XX, la pujante burguesía catalana empezó a veranear en los pueblos costeros. A uno de mis bisabuelos (que de joven tuvo que emigrar desde el Pirineo a Barcelona con el único capital de un duro y una vaca), no le fue mal con su negocio de venta de leche y se apuntó con su familia a la moda de veranear a las orillas del mar.
Entonces, cada familia tenía su propio toldo en la playa. Mi madre recuerda que los más ostentosos eran los empresarios del textil de Terrassa, con sus mayordomos sirviendo el vermouth en la playa. Mis abuelos siguieron la tradición. Y mis padres y mis tíos. Y nosotros y nuestros primos. Y, ahora, nuestros hijos.
De alguna manera, Lloret es la segunda casa de la mayor parte de mi familia materna, aunque los veraneos ya no tienen nada que ver (cuantitativamente) con aquellos veranos en que cerrábamos la casa de Barcelona desde el 22 de Junio hasta el 1 de Octubre.
En los primeros 60, empezaron a verse coches con matrícula extranjera. Fue un aumento exponencial, año tras año. De mi infancia recuerdo negocios que no existían en otros lugares: restaurantes self service, boites, snack's… Cuando se inauguró el aeropuerto de Girona, el boom turístico llegó a sus cotas más altas. Lloret era un lugar cosmopolita, divertido, incluso "más libre" en comparación con la España todavía muy gris del franquismo tardío.
Se construyeron muchísimos hoteles, abrieron tiendas y restaurantes. Los alcaldes de turno permitieron un crecimiento urbanístico, totalmente desorganizado, que parecía inspirarse en la consigna "maricón el último". La fisonomía del pueblo cambió por completo.
Pero las bases de lo que es el actual Lloret se fundaron cuando se conectó la autopista española del Mediterraneo con la francesa. Y con ella, a la toda la red de autopistas europeas. Eso abrió las puertas a un nuevo turismo. El que no tenía presupuesto para viajar en avión, pero si para hacerlo en autobús. Antes, los turistas llegaban a Lloret y buscaban un hotel, sin intermediarios. En cambio, el turismo low cost depende del tour operator. Ese organiza el viaje y negocia precios con los hoteles. Garantizaba 100% de ocupación. Y en la trampa cayeron casi todos los hoteleros de Lloret. Y de aquel turismo inquieto y viajero, pasamos al turismo con presupuestos muy ajustados. Y, a veces, gamberro. Evidentemente, esas personas tienen todo el derecho a pasar unas vacaciones. Tocó Lloret.
Tengo amigos que viven todo el año ahí. No se quejan demasiado. Son una de las poblaciones con unos ingresos per capita más altos de España. Asumen su papel de capital del turismo barato en la Costa Brava, pero no dejan de esforzarse en dignificar su pueblo. Desde hace unos años, muchos ciudadanos de Rusia y otros países de Este han puesto su mirada en Lloret. Pronto serán el grupo más numeroso. Es un turismo familiar, de mayor poder adquisitivo. Vuelven a parecerse a aquellos turistas del los 60 y 70. Ya veremos.

Los turistas siguen llegando en autobus. Generalmente de dos pisos y con un remolque para las maletas. El día de cambio suele ser el sábado. El pueblo se llena de buses y de gente cargada de maletas. Los que se van, morenos y los que llegan, muy blancos. Estos, se iban:



Cada año cierran algunos hoteles. No cumplen las normativas sobre seguridad y/o accesibilidad. Son los más cutres. No entiendo como dejaron construirlos en su día.



Típica foto de una tienda del Lloret mas cañí. En el margen derecho de la Riera, mirando al mar.



Y eso es lo que venden. ¡Sombreros mejicanos! Bueno, lo que nosotros llamamos sombreros mejicanos. Siempre he visto estos sombreros en Lloret. Y los guiris los compran. No me prgunteis porque. También se puede ver algún traje de "flamenca", camisetas y unos shorts a buen precio que les sientan bien a agunas y a otras, no.



Ahora estamos en la zona donde hay mas vida nocturna. Discotecas, bares... Las party's de la espuma, la elección de Miss Bikini y eso. He de reconocer que cuando tenía 20 años me lo pasé muy, muy bien. ;) Este año ha sido más chungo. Alguna noche he tenido que ir a recoger a las 2 de la mañana (¡!) a mi hija de quince años para que no volviera sola a casa.



En los foros de internet del centro y norte de Europa, se "promociona" a Lloret como el lugar del sexo y del alcohol. Lo del sexo, cada uno sabrá como le va. Pero el alcohol, es realmente barato.