dimecres, 22 de setembre de 2010

Tadeo Gutierrez vive en la 116 E, en un edificio de tres plantas. Abajo está el Deli que heredó de su padre. En el primer piso vive con su esposa, Lupe y el único hijo del matrimonio, Lucas, de 17 años. Arriba, sola, Rosario, su madre, viuda desde hace 7 años. La mayoría de sus clientes, son las gentes de la Marqueta, donde su padre abrió su primer negocio de comestibles al llegar de San Juan.
El 1 de Septiembre era Labour Day y el mercado permanecería cerrado. Hacía tiempo que tenían planeado aprovechar el día para irse a despedir de las atracciones de Coney Island. Todo apuntaba a que esta iba a ser la última semana del lugar. Entre los especuladores inmobiliarios y la Disneylización del ocio de los americanos, habían conseguido acabar con el parque en el que pasó los mejores momentos de su infancia.
No iban a tomar el carro. Cruzarían Brooklyn con la linea F del metro.
La mayor parte del recorrido era al aire libre. Le gustaban esas estaciones siempre desiertas. En Broklyn parece que solo usan el metro para ir o volver de trabajar.
Desde la ventana iban pasando las casitas unifamilires con su patio para la BBQ. En más de una ocasión había comentado a Lupe que, cuando Lucas pudiera hacerse cargo del negocio, ellos podrían irse a vivir a una zona tranquila de Brooklin. Desde que Clinton abrió su oficina en Harlem y Guiliani acabó con las bandas, cada vez había más ricos que querían vivir al norte de Central Park. Seguro que sacaría unos buenos dólares del alquiler de su apartamento.
Al llegar al final del recorrido, pudo ver en lo que se había convertido la playa de Nueva York. Bloques de apartamentos para la clase media que cada tenía más dificultades para pagar los precios de Manhattan.
Al salir de la estación, Nathan’s. Donde hacen los mejores perritos calientes del mundo. De vacuno, como debe ser. Estaba allí desde hace más de 90 años. Quién sabe si también sucumbiría ante el todopoderoso McDonalds. Su ciudad, Nueva York, estaba cambiando. Aquel reino del negocio familiar tambaleaba ante las presiones y el poder de las grandes empresas: primero fueron los taxis, pero luego vino Duane Reade, Starbucks y todos los demás. El cierre de Coney island era la guinda que le faltaba al pastel de los grandes.
Aparentemente, todo segía igual. Los pequeños negocios de comida y bebida, las tiendas de recuerdos, el Shout the Freak…
Y la Noria, la Wonder Wheel. No era la mayor del mundo, pero si la más divertida. Recordó aquella primera vez con Lupe, de novios, el susto que ella pasó cuando empezó a balancearse.
Antes de subir, pasearon un poco por el parque. La entrada siempre había sido gratuita y solo se pagaba por las atracciones que se usaban. Podías llevar tu comida. Cualquiera, por pobre que fuera, podiá pasear por Coney Island. Cuando de niño iba con sus padres, tenía que escoger entre la noria o la montaña rusa. la plata no llegaba para más.
Probó su fuerza con el Forzudo. Todavía se conservaba en plena forma. Rieron recordando el día que se organizó una competición con su cuñado. ¡Tiempos!
No había colas para la Wheel. No había colas para ninguna atracción. En la primera vuelta no pararon de gritar simulando el miedo con los balanceos inesperados de la cesta. Durante la propina permanecieron callados, contemplando la playa.
Es posible que ese fuera su último viaje en la Noria. Corrían rumores que había sido declarada monumento nacional y no la tirarían abajo. Pero ves a saber si quedaría como una estatua de hierro oxidado.
Antes de la comida charlaron con Yu Ly, la chica de Coney Island como ellos la llamaban antes de saber su nombre verdadero. Se encargaba del Carroussel y estaba muy preocupada por su futuro laboral. Hasta ahora, nadie les había dicho que pasaría con ellos tras el cierre.
Siguieron caminando frente a la playa disfrutando de la mañana atlántica. Pero no estaban contentos. La brisa portaba mensajes de añoranza. 
Comieron un par de perritos con las patatas mas grasientas de la ciudad. Bebieron su Diet Coke y cogieron el metro de regreso a casa. Querían llegar a tiempo para ver el capítulo de “Al diablo con los guapos”. 


El reportaje

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