dissabte, 21 de març de 2015

Ayudar.

“Y que me importas tu, ángel de la soledad. Tus oscuras alas no iluminarán nunca mi corazón. Solo la rabia contenida dará sentido a esas frases que hierven, explotan sin sentido y dejan crecer el placer de la piel fría.
Esa que, es, de la muerte.
Que importa morir. Si ya tras ello no queda nada.
No me importa en absoluto.
Bienvenida sea.”

El autor de estas lineas falleció hoy. Tenía 92 años. He sido su médico en estos últimos días. Murió tranquilo. Su hija quiso que las leyera y me regaló el pedazo de papel donde estaban garabateadas.

Cuando marchaba, ella me preguntó si ya no me vería más.
Posiblemente no, contesté.
Pidió un abrazo que acepté.

Ayudar a morir.