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Domingo. Ultima hora de la tarde
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Salir de casa. Hace un rato. La calle húmeda por la lluvia reciente. Andar despacio. Con las manos en los bolsillos. Me cruzo con bastantes personas mayores. Que habrán salido a hacer algo de ejercicio. Algunos, los menos, acompañados. También parejas. No se si vienen o van. Supongo que habrá algo de todo. La mayoría se ven contentos. Mi rostro en la pantalla del cajero. Con 20 euros bastará. Una vuelta a la manzana. Apetece pasear un poco. Algún bar abierto. Coches que cruzan. Poca cosa más. En el súper si hay ambiente. Compras de domingo por la tarde. Cenaremos Bratwurst y ensalada con atún. La pareja de rumanos, en la iglesia de delante de casa. Con su hijo que ya va creciendo. No me piden. Nos saludamos sin hablar. Pienso que esta especie de Manhattan barcelonés, que es el Eixample, es un buen lugar para vivir.
Es doloroso dejar atrás trocitos de vida
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Una amiga (Judith Pita) escribió: Sí, hombre, tu taquilla es un trocito de tu vida, una minicasa en el trabajo. A veces tienes cosas dentro de las que ni te acordabas. Esas, por la razón que sea, han sido abandonadas, dejadas atrás en el tiempo, en la vida...una mudanza...el turno de tarde, Inma, Yolanda...se han ido...y han quedado ahí los ecos de los codazos en el vestuario, anécdotas del turno, risas y llantos, enfados, indignaciones,...quedan los restos de esas vidas y soledad...
Querer decirle algo a alguien y no encontrar nunca el momento.
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A veces, tal vez con demasiada frecuencia, los humanos, damos demasiadas vueltas. Posponemos el instante espontáneo y luego no sabemos como encajarlo en la realidad. También es verdad que la espontaneidad puede suponer un error. Esa difícil conciliación entre el actuar con el corazón o con el cerebro...
Alzheimer
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Si la memoria no me traiciona (espero), conocí a Ángeles en la primavera del 2004. Vino a la consulta del hospital acompañando a su hermana, a la que yo llevaba unos años visitando por su enfermedad de Alzheimer. Mi paciente había enviudado recientemente y ahora era Ángeles quien cuidaba de ella en su enfermedad. Recuerdo que le costó mucho entender los comportamientos erráticos y extraños de la enferma, su hermana. Sus obsesiones por salir a pasear y querer volver inmediatamente a casa, la angustia que le generaba no reconocer los lugares donde había vivido siempre y, especialmente, esa falta absoluta de recuerdos. Nunca llegó a comprender como podía ser que su hermana se había olvidado de ella misma y la tratara como a un extraño. Un hospital es un edificio generalmente muy grande. Visto desde fuera, cuesta entender todas las alegrías y tragedias que se viven entre sus paredes. Si nos adentramos un poco en él y recorremos los pasillos es mas senc...