dijous, 5 de gener de 2017

1/24 "De cuando los hombres no escuchan y las mujeres odian leer mapas."
En el portal:
- ¡Vale! Son unas largas escaleras. ¿Unos cinco pisos? Creo que se alegrará de verme. Ayer lo pasamos muy bien. No se si pasará de rollete. Pero la chica me gusta. Le llevo unos canapés de los italianos.
Unos cinco pisos más arriba:
- ¡Vale! Entiendo que no te sientas cómodo. Vivo con Gustavo. Hace un año. Esta es nuestra casa. Pero tu me gustas. Me siento bien a tu lado. Creo que soy capaz de quereros a los dos.
- Uff. Es que Gustavo es amigo mío. ¿Como lo haremos? ¿A pajitas cada día? No se si me apetece mucho. La verdad. 
Y en esas estaban Gloria y Joaquin. Hablando preocupados en el pequeño sofá de ella cuando sonó el timbre de la puerta.
- ¿Gustavo?, se alarmó Joaquín.
- No, no. Tiene llave. Y está en Montblanc.
- ¡Oh! Hola.
Pálida se quedó Gloria al ver a Gabriel con su bandeja de canapés.
- He pensado que podríamos comer juntos. Ayer noche lo pasé muy… y su voz fue perdiendo fuerza al descubrir la presencia de Joaquin en el pequeño apartamento de la calle Berlín.
- Mmmm. Es Joaquin, murmuró ella. - Un amigo, Gabriel. Trabaja en “La Caixa”.
Joaquín se levantó un tanto tocado. Ganas de huir.
- Espera. No te vayas.
- Por favor.
Gloria se sentía más que incómoda y perdida.
- Nada. Que os dejo estos canapés para que los disfruteis. ¡Generoso Gabriel! - Que me hago cargo. Ya nos veremos otro día.
Dio media vuelta y bajó a zancadas las estrechas escaleras del edificio.
- Bfff. Pero tu, ¿con cuantos te acuestas?
- No, no. Estábamos de fiesta. Un tipo muy divertido. Y, ya sabes, una cosa lleva a la otra. El no me importa nada.
Gloria y Joaquin mantuvieron una relación más o menos continuada durante unos cuatro meses. Aquel verano tenían planeado hacer un viaje juntos. Por el sur de Francia. Muy rural y eso. Unos quince días.
Pero la perspectiva agobió al chico. Temía comprometerse con alguien que tendría que compartir con Gustavo. Y, posiblemente, con alguien más. Y, tal vez, no estaba tan enamorado.
La avisó en el último momento. No harían ese viaje.
Aunque cortaron, volvieron a pasar algún fin de semana juntos. Uno o dos. No más.
Me consta que se recordaron durante dos o tres años. La última vez que se vieron, ella tuvo el suficiente coraje para llamarle imbécil. Y lo olvidó para siempre.
A el no le importó demasiado. Andaba preparando unas oposiciones de Correos…

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