dilluns, 2 de desembre de 2013

Nuria y Gabriel

1.
Gabriel tiene 52 años. Es un viudo desgraciado y triste. Hace dos que su mujer murió en un accidente que el mismo provocó. Se durmió en la C 32. A el le costo un mes en la UCI, pero Sandra murió en el acto. Enrique, su hijo, no se lo perdonó nunca. Ni se hablan.
Gabriel esta solo y llora todas las noches. Carga con su antidepresivo y un ansiolítico. Asi y todo, mal duerme con pesadillas.

Nuria tiene 50. Peleando con esas faltas de regla que anuncian la menopausia. Y con el terror de que se le ensanchen las caderas y se ponga gorda. Nuria se divorció de Jorge. Tras 25 años de matrimonio. Ya le tocaba. Comprendió que a su esposo, solo le interesaba intentar ligar con jovencitas. Para sentirse no se sabe el que.
Nuria tiene terror a conocer otro hombre. No tuvo hijos. Posiblemente, por un problema de Jorge. Pero no hicieron nada.
Se siente tan culpable de haber dejado todos esos años malgastando su vida. Abandonada de amor.

Estos dias de fiestas navideñas, la cola del súper es mas larga. Nuria se entretiene whatsapeando con una amiga. Gabriel, justo detrás, esta cabreado por la espera.
No saben que, en unos instantes, su vida cambiará para siempre.

Y entra el mensaje: "Voy por ti". Y un teléfono que cae al suelo. Y Nuria en los brazos de Gabriel. Cerca del desmayo.
- ¿Se encuentra bien?
Y se echa a llorar. Ahí, en la cola del súper. La ayuda. Paga. La acompaña fuera.
- ¿Puedo hacer algo?
Y sigue llorando. Sin consuelo.
- Vamos a tomar un café.

(El no se que de Jorge, es la necesidad enfermiza de ser afirmado.
Solo, no sabe como vivir).

Un café largo. Cargado de confidencias. Te cuento mi vida. Cuentas la tuya. La conversación es sencilla. Esos encuentros entre dos personas en los que la intimidad fluye sin filtros. Un mucho de sentirse bien.
La acompaña a casa. Ya no hay lágrimas.
Hace un poco de frío de Diciembre. Pero se nota poco. Despiden en el portal. No hay besos. Son adultos. Hormonas controladas.
- Te llamo otro día.
- ¡Si! Y no te preocupes. No hará nada más.

(Pero comparten cuenta en el iTunes. Sabe donde está. Lleva demasiados días con el corazón pasado de vueltas. Con esa angustia en el estómago que le impide dormir. ¡Nuria!)

2.
- ¿Y porque no te olvidas de esta tía? Ama a quién está contigo.
- Ya, ya. Si. Claro.
Jorge da vueltas en la pequeña cocina. Fuma uno tras otro. Bebe el rosado del frigorífico.
Estaría mucho mejor si marchara de su cabeza. Tampoco tendría que ser tan difícil. Total. Ya ni se ven.
Pero la mierda del Facebook y el whatsapp hace que aparezca de vez en cuando. Su foto en la lista de amigos. Comentarios y me gustas. ¡Vale! Puede borrarla de todo eso.
Pero, si lo hace, la perderá para siempre.
- Pero, ¿no me contaste que ya terminó?
- Si, si. Pero ella no me tenía que haber dejado.
- Déjala hacer su vida.
Pero pensar en la felicidad de Nuria le deprime. Y con el "encuentra a mi iPhone" siempre sabe donde está.
Tanto rato en ese lugar que no es nuestra casa. ¿Con quién estará?
(Tiene que volver conmigo. Seguir como antes. Sin mi va a pasarlo mal)
Sale a la calle.
Sobre las 2 de la madrugada.
Conoce el destino.
En el auricular, una vieja canción de los 80.
Pasos poco dirigidos. Dando algún tumbo. Sirenas a lo lejos.
(Lo haré)

3.
Jorge resultó ser un imbécil. Tan colado iba que estampó el BMW ente Aribau y Córcega. Sin cinturón salió despedido por el parabrisas. La cabeza en el árbol y Jorge terminó. Tanto odio para nada. Se acabó.
Gabriel y Nuria casi no se enteran. Muy tímidos. Algunos abrazos y primeros besos. Sueños de una vida que todavía queda.

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