dimarts, 25 de setembre de 2012

Alzheimer



Si la memoria no me traiciona (espero), conocí a Ángeles en la primavera del 2004. Vino a la consulta del hospital acompañando a su hermana, a la que yo llevaba unos años visitando por su enfermedad de Alzheimer. Mi paciente había enviudado recientemente y ahora era Ángeles quien cuidaba de ella en su enfermedad.
Recuerdo que le costó mucho entender los comportamientos erráticos y extraños de la enferma, su hermana. Sus obsesiones por salir a pasear y querer volver inmediatamente a casa, la angustia que le generaba no reconocer los lugares donde había vivido siempre y, especialmente, esa falta absoluta de recuerdos. Nunca llegó a comprender como podía ser que su hermana se había olvidado de ella misma y la tratara como a un extraño.

Un hospital es un edificio generalmente muy grande. Visto desde fuera, cuesta entender todas las alegrías y tragedias que se viven entre sus paredes. 
Si nos adentramos un poco en él y recorremos los pasillos es mas sencillo entender que cosas pueden ocurrir ahí.
Historias con final feliz y otras sin el.
Pero no deseo alejarme del motivo de mi entrada en el blog.

Un día, en el 2006, Ángela vino a la consulta acompañada de su hija. Estaba preocupada pues desde hacía algunos meses notaba que su memoria había disminuido. Seguía llevando una vida normal, pero cada vez olvidaba más cosas de la lista de la compra y, en alguna ocasión se encontró desorientada en la calle, sin saber exactamente donde estaba.
No me preocupé demasiado. Es frecuente que los cuidadores de personas con Alzheimer reconozcan exageradamente en ellos mismos los posibles síntomas de la enfermedad. Pero, para tranquilizarla, decidí hacer algunas pruebas. 
Confirmaron algo que temía pero que me costaba creer. Ángela se encontraba en los estadios iniciales de la enfermedad de Alzheimer. La misma que se había llevado, hace unos meses, a su hermana. Una enfermedad que iba a acompañarla el resto de su vida.
En aquella época, estaba enfrascado en un proyecto que nunca conseguí terminar. Buscaba patrocinio para escribir un libro sobre como veían los familiares la convivencia con los pacientes afectos de Alzheimer. Era un conjunto de entrevistas que se acompañada con una fotografía de la persona enferma.
Tánto Ángela como su hija me dieron permiso para hacerle una fotografía.


Continuara……

2 comentaris:

  1. No puedo dejar de emocionarme con estas palabras. Hace unos meses han diagnosticado a mi marido DCL, no he recibido ningún consejo sobre cómo debo actuar con él. Su estadío debe ser inicial, sin embargo en lo más íntimo de mí, creo que es una consecuencia 'cantada' desde hace bastante tiempo yo misma había intuído que ciertas actitudes eran consecuencia de algun déficit de memoria.
    Estamos pendientes de cita para la RM y supongo que nos dará (no sé) un diagnóstico más concreto. De momento, lo que intento es pasar más tiempo con él, demostrando más cariño que antes. Después de 40 años de matrimonio, teníamos algo olvidado esto de 'muestras de cariño'.
    En fin, gracias a una amiga común, he encontrado este espacio dedicado a las desmemorias, así que iré pasando y me suscribo. Muchas gracias por compartir estos conocimientos.

    Desde Palma un afectuoso saludo.

    ResponElimina
  2. Hola Cata. Tená algo olvidado el blog y hasta hoy no he leido tu comentario. ¡Animo! Para cualquier cosa ya sabes donde encontrarme.

    ResponElimina