dilluns, 2 de juliol de 2012

Un chico se sube a la base de una estatua

Un montón de gente esperando que empiece uno de los espectáculos de la noche blanca en una ciudad que no tiene mar ni montaña.
Teléfonos y compactas preparados. Alguna réflex fardona con su 18-55 (estabilizado).
Un poco estar ahí sin saber muy bien el que esperar.
Cosas de la gratuidad. La cultura como acto regalado. Y no demasiado pensado.
Un buen lugar para ver. Una mirada de complicidad. Tal vez un protagonista en 15 años.
Un "yo estuve allí" que puede ser mas trascendente que la reciente victoria de la selección de fútbol de una península al sur de Europa.
Esa idea griega de Europa que puede saltar por los aires, en breve. O definirse burguesa y aburrida. Más nibelunga que florentina.

Da bastante igual. Hoy. Solo se trata de que un chico se sube a la base de una estatua de un antiguo guerrero del que no ha oído nunca hablar. Y sonríe por su éxito. A ver que pasa dentro de 15 años.




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